Ciencia

La epidemióloga que dejó el sedentarismo en la mira

I-Min Lee creció rodeada de trabajadores manuales y hoy es una de las mayores expertas mundiales en cómo la inactividad física afecta la salud del corazón. Sus estudios en Harvard cambian la forma en que entendemos el movimiento diario.

Publicado el 28 de julio de 2026, 00:55 hs

I-Min Lee no nació en un ambiente de runners ni de gimnasios. Casi todos los que la rodeaban en su infancia eran obreros, gente que se movía mucho por necesidad. Esa realidad temprana terminó marcando su carrera: hoy es una de las investigadoras más respetadas en el mundo sobre inactividad física y salud cardiovascular.

La epidemióloga, que trabaja en la Escuela de Medicina de Harvard, acumula cientos de publicaciones científicas. Sus trabajos más conocidos provienen de dos grandes cohortes: el Harvard Alumni Health Study y el Women’s Health Study. En ambos casos, los datos de miles de personas durante décadas permitieron ver con claridad cómo el movimiento (o la falta de él) influye en el riesgo de infarto, diabetes tipo 2 y mortalidad general.

¿Por qué importa tanto su mirada? Porque Lee no habla de “hacer deporte” como algo elitista. Sus investigaciones se centran en la actividad física cotidiana: caminar al colectivo, subir escaleras en vez de tomar el ascensor, moverse mientras se trabaja. En la Argentina de 2026, donde más de la mitad de la población adulta no alcanza los niveles recomendados de movimiento, este enfoque resulta especialmente útil.

Uno de sus hallazgos más repetidos es que incluso cantidades modestas de actividad generan beneficios medibles. No hace falta correr una maratón. Caminar a paso firme entre 20 y 30 minutos al día ya reduce de manera significativa el riesgo cardiovascular. Y lo más interesante: los mayores beneficios se obtienen cuando se pasa de cero a algo de movimiento. Después, la curva se achata.

Del obrero al escritorio

Lee ha explicado en varias entrevistas que su interés surgió precisamente por contraste. Sus familiares y vecinos se movían todo el día por trabajo físico pesado. Cuando migró hacia ambientes académicos y de oficina, vio cómo la inactividad se convertía en la norma. Eso la llevó a estudiar qué pasa cuando el cuerpo humano, diseñado para moverse, pasa la mayor parte del día sentado.

Sus papers han ayudado a cambiar las recomendaciones oficiales de la OMS y de sociedades de cardiología. Hoy se insiste menos en “ejercicio vigoroso” como único camino y más en “moverse más, sentarse menos”. Concepto que en la práctica cotidiana argentina se traduce en cosas tan simples como dar vueltas a la manzana después del mate o elegir la parada de colectivo un poco más lejos.

Datos que se aplican hoy

Según sus revisiones, reemplazar 30 minutos de estar sentado por estar de pie o caminando puede mejorar marcadores de salud metabólica. No es magia, pero sumado día tras día marca diferencia. Y lo mejor: no requiere cuota de gym ni ropa especial.

En el Women’s Health Study, que siguió a decenas de miles de mujeres durante años, se vio claramente que aquellas que caminaban más tenían menor incidencia de eventos cardíacos, incluso ajustando por edad, peso y otros factores.

Importante: estos son resultados poblacionales. Cada persona tiene su historia clínica. Si tenés dudas sobre cuánto y cómo moverte, consultá con tu médico o un nutricionista.

Consejos prácticos para empezar sin drama

  • Caminá mientras hablás por teléfono. Muchos argentinos ya lo hacen sin darse cuenta.
  • Subí una o dos estaciones antes y completá a pie.
  • En casa, poné la música y bailá mientras limpiás. Cuenta como movimiento.
  • Usá el mate como excusa: preparalo en la cocina y volvé caminando.

Lee insiste en que la clave no es la intensidad extrema sino la constancia. Sus estudios muestran que gente que mantiene hábitos moderados a lo largo de los años obtiene mejor salud cardiovascular que quienes hacen picos esporádicos de ejercicio intenso y después abandonan.

En un país donde el asado, el trabajo sedentario y los traslados largos son parte de la rutina, el mensaje de esta científica que creció entre laburantes tiene especial peso: no hace falta volverse atleta. Basta con recuperar un poco del movimiento que nuestros abuelos tenían por necesidad.

El desafío está en convertir esa idea en hábito sostenible, sin culpa ni obsesión. Porque, como repite Lee en sus charlas, la salud no se construye en un mes de furia. Se construye en las pequeñas decisiones que repetimos casi sin pensar.

← Volver al blog